Katniss miró hacia el horizonte, donde las luces del nuevo distrito 12 titilaban como luciérnagas.
Dentro había una carta breve y un pequeño broche de plata: un sinsonte, pero con las alas abiertas hacia arriba, como si volara hacia el sol. serie de los juegos del hambre
Peeta viajaba a menudo al Distrito 11 para ayudar con los huertos conmemorativos. Él plantaba rosas, sí, pero también girasoles, caléndulas y nomeolvides. Flores que no olían a muerte. Flores que podían crecer sin miedo. Katniss miró hacia el horizonte, donde las luces
—No te lo pide nadie.
Peeta guardó silencio un momento. Luego dijo: —No te lo pide nadie
El consejo leyó los nombres de todos los tributos caídos en los 74 juegos y en la guerra. Cada nombre era una piedra lanzada al agua. Al final, una niña del 12, de no más de diez años, se adelantó y dejó una rosa blanca sobre la superficie del lago. Flotó un instante antes de hundirse lentamente.