—No soy un relicario —respondió Optimus, arrancándose la espada y partiendo a Lockdown en dos—. Soy su extinción. La Semilla fue lanzada al océano, donde se hundió en una fosa abisal. Los Dinobots, libres, decidieron quedarse en la Tierra, escondidos en el Ártico. Galvatron escapó, prometiendo regresar.

La persecución fue brutal. En las calles de Chicago, Galvatron se enfrentó a Optimus y casi lo destruye. Los humanos, en sus cazas, atacaron a todos por igual.

—Eres un relicario, Prime —dijo Lockdown, clavándole una espada en el hombro—. Los Creadores me pagarán bien por tu cabeza.

La batalla fue apocalíptica. Cade, usando un improvisado cañón de chatarra, cubría a Tessa y Shane mientras subían a la nave a recuperar la Semilla. Optimus enfrentó a Lockdown en la cima de la montaña, bajo la lluvia.

—¡Nos están matando a todos! —gritó Tessa desde el asiento trasero del camión en movimiento.

Optimus Prime, reparado pero herido, se despidió de Cade.

—Papá, eso late —susurró Tessa, viendo las lecturas de energía.

—Mi nombre es Optimus Prime. Y he dormido lo suficiente. Lockdown, un ciber-cazador intergaláctico con un rostro de cañón, aterrizó en la Tierra. Su misión: capturar a Optimus Prime para sus creadores, los Quintessons . Pero no trabajaba solo. Trajo consigo a los Junkions , transformers mutantes hechos de desechos radiactivos, y a Galvatron , una pesadilla creada por los humanos usando los restos de Megatron.